El relato de una noche que quedará marcada en el público rock de Colombia, donde U2 dio uno de los mejores conciertos del año y la década en el país.

 

U2

 

39 luces superiores, 6 detrás de mí, 48 sobre nosotros, otras 8 a mi derecha en la lejanía, en todo el occidente 6 más y, en la mitad del estadio, tres pilares gigantes de metal, adornados con cables, protegidos de la lluvia con impermeables grises y negros; pero al frente, una eminencia arquitectónica con decenas de focos apuntando.

La pantalla en el escenario es la más inmensa que jamás haya visto, 60 metros de largo por 14 de alto, una imagen al más candente vivo, 8k, me quemaba, la podía sentir. Encima está pintado un árbol gris, que a veces muta a verde, es el Joshua Tree, la imagen más recordada del eminente álbum de U2 que en 1987 vendió aproximadamente 25 millones de copias por todo el mundo y que los catapultó a la fama universal, y que ahora, como excusa, los tiene acá, en Colombia, listos para presentarse ante fanáticos de todas partes del país y Latinoamérica.

De fondo escucho los murmullos de las personas, están emocionados, corren, saltan, bailan, sonríen.

Un señor de mediana estatura y marcado acento bogotano, habla con un paisa acerca del escenario, porque eso hace la música.

– Yo creía que iba a ver el clásico 360°, la tarima en la mitad de El Campín para que todos los pudiésemos ver desde relativa distancia.

– No, hermano, ¿cómo vas a decir eso? Ese árbol no lo saca nadie.

Y es que las raíces no terminan en la tierra, se extienden incluso más, bajan por la pantalla y conectan con el piso artificial que montó el equipo del tour, se amplía hacia adelante formando la figura, de nuevo, del Joshua Tree, y alrededor, cada vez más, se empieza a llenar.

 

7:30 de la noche. Las luces se apagan y el sonido es ensordecedor. Parece que todo se vino abajo, cualquiera lo confundiría con los gritos en la avenida principal, tal es la bullaranga, que en la cabina de sonido la ganancia aumentó, se escucha estridente, no solo por todo El Campín, sino por Bogotá.

Noel Gallagher, un rockero de esos que fácilmente se definen por ‘empeliculados’ y peleones, cara dura, gafas negras, pelo corto y sonrisa cerrada, que tras haberse asomado por los laterales de la pantalla con temor a ser visto, saluda con Rock & Roll, toma la guitarra roja y las primeras notas de música se esparcen como oxígeno en el aire, se meten en los pulmones, las entrañas y arrastran los cuerpos a moverse, tomar calor, encenderse y cantar.

Everybody’s on the Run y Lock All the Doors estallan los tímpanos.

“¡Noel! ¡Noel! ¡Noel! ¡Noel! ¡Noel! …” – Grita El Campín, a esta altura del show, repleto y vociferando por el ex Oasis que siempre será de Oasis.

Entre guitarra y guitarra, Noel hace de rockstar sin frenos, no hay quien lo pare. Una camiseta gris, las legendarias negras sobre los ojos y los High Flying Birds detrás.

Muchas gracias, Colombia. Solo he estado acá dos veces, es mi segunda ocasión, pero ustedes son maravillosos y ya los siento como en casa. Sé que quieren cantar, esta es irlandesa – Sentencia Noel, quien empuña su guitarra acústica y toca las primeras notas que todos reconocemos, es Wonderwall, el paso obligado en cada noche. No nos quedamos atrás, sobre nuestras puntas, uno encima del otro y a rápido paso, entonamos las clásicas letras de la canción que a muchos marcó, y que, además, ensanchó en la historia la generación que la compuso.

Sin mediar una palabra más, redefiniendo lo importante que es el apellido Gallagher para la música, con las luces aún abajo, los primeros acordes suenan, Don’t Look Back in Anger, de memoria, con tranquilidad, sapiencia, en solitario, Noel se recompone las gafas sobre sus ojos y suelta las primeras palabras… volando, fastuoso, maduro, con la atención del público, hipnotizados a merced de él, todo un maestro, el capitán del barco, el maestro detrás del telón, el escritor estrella, el director olvidado… con tranquilidad, da cátedra de música interpretando limpiamente, con la voz en el pecho, a grito herido, frente a 40,000 personas.

Desde la altura nos miraba, Noel, bendito Noel, ah… Gallagher, noche tremenda a su lado, y solo empezaba.

 

Luces abajo, sobre el tablado camina un hombre, tranquilo, viste de negro y el pelo blanco lo lleva corto. Sigue caminando, pasivo, no para, el público enloquece pero él no se inmuta, un pie tras otro, camina, no trastabilla, no hay temor, pasos cortos, voltea la mirada, redirige su paso, ahora baja por la pasarela, el ritmo no cambia, seguro, alrededor se escucha su nombre, él no escucha, no siente, pecho frío, se sienta sobre la batería, deja ver las baquetas y truena el redoblante, limpio, como solo él lo hace, golpes precisos, la luces rojas como la sangre, él sigue redoblando, charles y bombo, de fondo The Edge, la voz de Bono se escucha en la lejanía, explotamos, Sunday Bloody Sunday.

La fuerza de Bono es sorprendente, camina y entona, todos bajan por la pasarela, se les une Adam Clayton, en la parte más cercana al público, sobre el círculo principal, los acordes implotan, se expanden, la melodía baila, las letras retumban, la voz llora sobre el rostro de quienes esperaron toda su vida por verles.

New Year’s Day no deja pensar, suena duro, armónica, bajo profundo. Bono lo sabe, se le nota cansado, la altura le afecta, 26,000 metros de altura, muchas gracias, amigos.

Estridentes sobre el escenario, un concierto de emociones, todos de pie, saltando, con el rostro hacia arriba. Bono propone y el público replica, las estrofas son suyas y los finales nuestros. Bombas rojas empiezan a revolotear cerca, Bono abraza el micrófono, se concentra, abre las manos, divisa dónde está, se toma confianza, alza la voz, sonríe, arriba las manos, Colombia, ¡Arriba!, ni cortos ni perezosos, levantadas hacia el señor.

Todo oscuro, ellos brillan.

Gracias por venir, por estar aquí para vernos, thank you, thank you… for your patience, our first time in this magnificent country, our first time to see you, but we had thought you for a very long time, the whole world sees you, Colombia… your music, arts, courage, courage… tonight, in this city.. is for an epic night of rock & roll, that no one of us forget, we might let go, but the music, to sound like that… Con una sonrisa pura, de amor, le da entrada a The Edge, esta es especial.

Suena Bad del álbum The Unforgettable Fire de 1984, producido por Brian Eno. La guitarra pone sintonía, el bombo guía las palmas de la gente, un profundo Bono nos pone a temblar… to let it go and so to fade away, to let it go and so to fade away, I’m wide awake… I’m wide awake

The Edge, Dave Howell Evans, majestuoso, el show es suyo, solo se escucha su voz, la guitarra, las cuerdas tiemblan y el público es apabullante.

Bono, de nuevo, se toma la palabra, suspira, se muerde el labio y traga saliva…

Can turn these lights up with us? Turn the lights up, let´s see Gabo’s butterflies tonight, see the butterflies come from light, las mariposas de Gabo, let’s remember Gabriel García Márquez, the hero, since eighteen years…

Las luces de los celulares se prenden, solo se ven barullos, pequeños, sobre el gramado, cientos, en las graderías, miles, blancos, perfectamente redondos, como si estuviese estrictamente planeado y ensayado. Los colombianos pintaron el show, recordando al héroe, García Márquez. Como si se tratase de David Bowie con el orden, con Heroes, Bono se sale de lo convencional y empieza a rendir homenaje, a conectarse; porque ellos no aterrizaron en el país para brindar un recital, porque U2 no vino a tocar unas cuantas canciones y emocionar con sus palabras de falso amor hacia el país, sino que llegó a adherirse de quienes somos, a dejar un mensaje especial para nosotros.

I, I will be king, and you, you will be queen, Though nothing, will drive them away, We can beat them, just for one day, We can be heroes, just for one day…

Con fuerza, Bono, con fuerza.

One man come in the name of love
One man come and go
One man come he to justify
One man to overthrow

In the Name of Love. El público enardecido no aguantaba una gota más, sedientos, en solitario cantan, la banda escucha, híbridos enamorados sobre la luz artificial, retumban corazones orgullosos, algunos ven mientras escuchan en la distancia, otros cercanos, se dejan invadir, habitar, transpiran años de infancia, incontables historias debajo del frío eterno, los árboles van y vienen, los rechazados se encuentran, los perdidos son incluidos bajo la voz de la banda del siglo en Bogotá.

Sing for the peacemakers, in Bogotá, Cali and Medellín… Colombia, sing for the peacemakers, let me hear you… sing for the peacemakers in Ireland, in our country we have peace because people have the courage to compromise… the most beautiful word in the English language! It’s compromise! – sentencia Bono mientras de fondo aún se escucha el estribillo de Pride… Magníficos sobre el escenario, demoledores, supremos letristas: así son los irlandeses que durante 30 años vivieron los desastres de la guerra y que ahora, dichosos, como fieles testigos y seguidores, llegaron a Colombia a transmitir su mensaje de amor.

Bienvenidos, U2, gracias por estar acá.

 

Se juntan, agradecen y regresan por donde entraron, uno tras otro, con instrumentos en mano, caminan hacia el centro del escenario, la pantalla se torna roja, un rojo estridente, rojo claro, tenebroso. Se dibuja de nuevo el Joshua Tree, esta vez negro como una silueta…

¡Qué bellezaaa! ¡Esoooo!– Así lo describen ellos, los otros fanáticos, suficiente, ¿no creen?

Con un movimiento de dedos sencillo de arriba hacia abajo en la guitarra, con la conciencia de que se había hecho decenas de veces; para nosotros, no era una más. The Edge explota, el resto se esfuman en la oscuridad, solo estaba él, uniones preciosas, mi favorita… Where the Streets Have No Name… Todos gritaban, ninguno quieto, sobre los pómulos se regaban lágrimas, se levantan los brazos con fervor, celebrando, como si se tratase de un gol que nos clasifica a un mundial, aplaudiendo, Larry Mullen explota los tambores… y luego silencio, es el turno de Bono, que nadie lo interrumpa.

Los mortales corean la letra completa, algunos con un inglés perfecto, otros tropezado, unos últimos con murmullos, pero todos al mismo ritmo.

En la pantalla está la clásica carretera en blanco y negro, se ven diminutos ante tanta tecnología, pero son ellos quienes conducen, los reyes del camino… Con las manos en el pecho, sorprendidos, entre aplausos agradecen.

¡Qué buen parche!… wow, what do you look, mate?… beautiful

Sonriendo, Bono escuchaba cantar en coro I Still Haven’t Found What I’m Looking For, con las manos arriba dirigiendo la obra, se arrastran por el escenario los pantalones negros, las chaquetas con parches plateados, el cabello hacia atrás, las reconocibles gafas. Regándose sobre el campo, una ola de palmas al aire empieza a contagiarnos…

¡Fernando Botero, Simón Vélez, James Rodríguez!– grita Bono a través del micrófono y la música sigue.

Se dibuja un cielo azul, árido suelo, naranja por la arena, desierto inmenso. Un tintineo por debajo, suspenso mientras los ritmos siguen, las luces se posan sobre Clayton mientras todos cantan With or Without You, no hay quien no los quiera, encontramos el amor, el sentimiento de poder sube por nuestros brazos, baja por las piernas y se concentra en el corazón… The Edge lo siente igual, canta con fuerza mientras cierra los ojos… mira hacia todos lados, todos saltan mientras Bono saluda de beso a la luna, la abraza con sus palabras, levantamos las voces, el estadio canta, es un homenaje, las pieles se erizan… aplausos.

Bullet the Blue Sky, el momento más salvaje de la noche, desafiantes, de fondo la bandera americana con imágenes de soldados, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, todos con casco en mano. Riff, riff, riff. The Edge es protagonista, The Edge se abre, The Edge se muestra, es agresivo, se toma su espacio, por primera vez en la noche Bono se hace a un lado, es el momento del guitarrista, el showman de gorro negro y barba corta, a su lado está Larry apoyándolo, las luces suben y bajan, la banda protesta, en los lentes de Bono brilla la luz… perdidos en Sin City, texturas marcadas, negros oscuros, blancos opacos, The Edge se enoja, quiere gritar, se le nota en el rostro, está rojo, respira con fuerza, camina lento… y explota, se transforma en una bola de luz, se sale del estadio, se toma las calles de Bogotá, viaja a toda velocidad, de calle en calle, no conoce de reglas, expande límites, empuja la pared, la mueve, con sus manos estira el caucho, estamos en tensión, no vino a rendir cuentas, vino a pedirlas… logramos probarlo,  se calma, el público grita… toma aire y ahora estamos infectados, sentimos su ira; Bono levanta la voz, nos da razones… toma la cámara y la apunta hacia él, está igual de enojado, da vueltas sobre el escenario con cámara en mano, todos los vemos y silencio… cúspide.

 

Running to Stand Still nos muestra el lado más íntimo de la banda, mientras el público no se cansa de corear las canciones, Bono, con armónica en mano, nos transporta a un mundo distinto. Las casas son de madera, jeans altos, botas largas, sombreros vaqueros: aterrizamos en el oeste, sureños, patriotas, estrellas blancas, amantes. La destreza que tiene es impresionante, su voz es altísima, de fondo voces en bajo como un coro, redoble militar, trompetas y tubas, despliegue de sonidos extenso. Por primera vez en la noche, ellos no tocan para nosotros, están ensimismados, solo se tienen a ellos…

Bienvenidos al lado B, amigos. This still feels relevant, is a song about how a landscape can change in a person, in a town in a country, when you are not looking, and how we have to stay awake to dream… is In God’s Country.

La pantalla es multicolor ahora, un enjambre de luces, azul, blanco, violeta arriba, morado abajo, verde por encima, se desdibujan los mensajes patrióticos y regresa el Joshua Tree, rápidamente vuelve al fondo negro, llamas naranjas, un árbol blanco y humo verde.

There was a time when surely I was not so proud of the Irish flag, it felt like a just one color to me, a bloody red, now we have peace, I am so proud of our country, of Ireland.

Mothers of the Disappeared sonó como un lindo homenaje, incluso luego de 30 años de publicada la canción, pensada y dedicada a las Madres de Plaza de Mayo quienes perdieron a sus hijos en las dictaduras militares que sufrieron Argentina y Chile, además de las situaciones similares en El Salvador. En la pantalla se veían 18 rostros latinoamericanos con velas en las manos, en su honor, para el final de la canción, una a una se fueron apagando, al final aplausos, tributo de sensaciones, como si fuera aquella vez en la televisión chilena en 1998, cuando en frente de todo el país, Bono pidió a Augusto Pinochet que revelara la ubicación de sus hijos.

Thank you, muchas gracias, thank you for waiting so long for the Joshua Tree, muchas gracias amigos.

 

La pantalla brilla, las luces se toman de nuevo El Campín, azul, violeta, verde, naranja, amarillo, una aurora boreal frente a nosotros, de fondo cantos de armonía y un solo grito cuando el silencio se rompe con el llamado de felicidad de la banda, Beautiful Day.

El eco resuena, el frío vuelve a abrazarnos, pero nos hace sentir bien. Tranquilidad, armonía, una sonrisa en el rostro y un estremecimiento de placer, de ese que nos da cuando tocamos el punto máximo de felicidad, que no podemos controlar, que incluso nos toma por sorpresa y nos hace revolotear el cuerpo, que incluso controla nuestra piel y la eriza. La guitarra vibra, Bono camina, los platillos suenan, los cuerpos se mueven… entonces la voz se vuelve robot, un extraño sonido de fondo mientras los labios se mueven…

Look at you, look at you… you are beautiful!… when sisters around the world get together to go to school like their brothers, that´s a beautiful day, when women of the world unite to rewrite history of her story, that´s a beautiful day

Beat clásico de rock para la batería, charles abierto, bombo seguro, guitarra triunfante, casquillera, escondida, paciente… “uno, dos, tres, ¡catorce!”. Vertigo desde lo alto, la emoción se expandía entre los cuerpos, se conectaban y casi se podía sentir la electricidad viajar entre las pieles, sacándose de encima todo estrés, todo recuerdo, solo importaba el momento, el movimiento de cabezas, brazos y piernas, con los ojos cerrados golpeaban al cielo, lo maldecían, lo bendecían.

 

El sonido más hermoso del mundo, muchas gracias– retrata BonoThis is for the all the great women that we share our lives with, our mothers, daughters, sisters, the great women of our audience and the women in far places whose lives we can never really know, women who resisted and insisted and persisted…

En la pantalla se marca la palabra Herstory, hacienda referencia a la increíble capacidad de algunas damas de reescribir la historia, su pasado, lo que han sufrido a manos del machismo en países con excesivo control social, haciendo referencia al poder que tienen de plantear su propia historia y lograr, frente a toda adversidad, meterse en los libros de historia como agentes de cambio.

Ultra Violet (Light My Way) fue una manera de conmemorar sus vidas, al fondo, en la pantalla, se dibujan los rostros de representantes mundiales que han cambiado las perspectivas de comunidades completes por hacer el bien, tales como Michelle Obama, Isabel Allende, Rosa Parks o Helen Rodríguez Trías, al igual que los movimientos de Ni Una Menos o Pussy Riot. Las más vitoreadas fueron las colombianas, U2 tomó de ejemplo a la revolucionaria Pola, la cantante Totó La Momposina y la atleta Caterine Ibargüen.

“Baby, baby, baby, light my way…”

 

Change comes slowly but it comes, change comes slowly but it comes… growing up in our country, in Europe in the north of Ireland, we didn’t wait to dream of peace, people told us it was impossible, but we realize than peace is not a dream… it is an action. Is not soft, is hard, it takes time… you know, this world, in this beautiful world we speak of compromise, beautiful word, we know peace can never remedy the pain of the past, we know that, but it can prevent such pain in the future… anyway, we stand with you in this rigorous time, we have to carry each other… tenemos que apoyarnos el uno al otro… this is for Colombia, that you be one.

Qué intimo momento, actores de cambio frente a nosotros, más que músicos, transformadores de realidades, en frente, como dolientes más, dedicándonos One, lentamente, con profundidad, con sentimiento, como diría Jorge Celedón… Qué lindo es ver que aquello que se hace en casa afecta positivamente a través de las fronteras, que es más importante pelearse en el congreso que en la selva con actores que no pertenecen.

De fondo se dibujan manos con la palabra “Paz” en ellas, colores naranjas y verdes viajan frente a nuestros ojos y entonces una paloma blanca, amarillo, azul y rojo, de memoria, todos juntos cantando con las manos en alto, aplaudiendo a los genios internacionales que cambian el mundo.

Unbelievably, people… beautiful, poetic, righteous, brave people, gente valiente.

***

Y ese es el tema, U2 no visitó Colombia únicamente para brindarnos un show, ni para cantar con nosotros, Bono se subió al escenario y durante toda la noche, indirectamente, promovió la paz poniendo a su país como ejemplo, con mensajes de apoyo, de tal manera, los que estuvimos, no presenciamos solo a una banda legendaria por sus melodías, golpeteos de tambores y estridentes sensaciones, sino que fue un pacto, unas palabras de apoyo, afirmando lo que sabemos y a veces no entendemos, que a pesar de lo frágiles que nos sintamos el cambió vendrá, nos sentiremos mejor y gracias a la labor colectiva de hombres y mujeres todo estará bien, funcionará, llevarnos unos a los otros, como dice la canción, todos como uno. | R

Mateo Mejía
Estudiante de Comunicación Social - Periodismo en UPB Medellín. 2 años de experiencia como redactor en medios deportivos, rockero de toda la vida.


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