Acompañamos a La Doble A en uno de sus logros: Gira por México. Nos contarán por capítulos, desde el 6 hasta el 18 de junio, su experiencia por el país azteca. Esta, la parte 2. ¡Disfruten! 

 

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Capítulo 6. Narrado por: Camilo Ángel (baterista)

Siempre tuvimos claridad en que este viaje estaría enfocado en el trabajo. Tener una agenda nutrida en prensa, conciertos y live sessions nos lo recuerda a diario, además, Tavo nos anuncia el movimiento venidero antes de hacerle caso al sueño, con una infaltable réplica durante el desayuno y procedemos.

Se agotaba el sábado y escuchamos con sorpresa nuestro próximo itinerario: Chicos, mañana viajamos al pasado. Iremos a las pirámides de Teotihuacan. Salimos a temprano. Prepárense para ir a otro mundo.

Y así fue. Primero, cruzar la inmensa ciudad pasando por los viaductos entre los altos edificios, los barrios que cubren las laderas hasta la mitad con toda la gama de colores en sus fachadas. Los cultivos de Magueye (agave) anuncian la llegada a un valle, Teotihuacan. Hasta ahí nunca faltó el bullying a nuestro fotógrafo Manuel. Manuel, ¡sos un grande!

En una rotonda artesanal nos ofrecen pulque (bebida fermentada del agave… similar a nuestra chicha) y nos dan paso para estacionar. Coincide nuestra llegada con la danza tradicional de los voladores de Papantla, ejecutada a unos 30 metros de altura. Lindo recibimiento.

El sol avisa que poco se va a esconder y de manera obediente nos hicimos a 5 sombreros que nos daba un generoso baño de sombra y a la vez nos uniformaban. Avanzamos, y entre rugidos de jaguar y silbidos de águila y búho hechos a mano dimos nuestro primer paso en la ciudad ancestral de Teotihucan.

Al frente, unas escalas de piedra invitan a adentrarse en una plaza entre muros donde se levanta un templo. Hay cabezas de serpiente y jaguar vigilando sus líneas y aún sobreviven algunos tintes rojos. Allí nuestra habitual montadera casi que se esfuma ante la admiración que exige este lugar. Esto que nos pareció grande se hace chico cuando llegamos a la pirámide del Sol. Desde lo lejos, un hormiguero vivo se transforma a medida que nos acercamos en un imponente templo soportando las pisadas de miles de personas.

Un masaje con piedra de oxidiana nos impulsa a los cimientos de esta montaña de piedra construída por miles de manos como las nuestras. Miramos su cima que nos reta y subimos para observar el valle. La sorpresa del día fue un saludo a lo mexicano en el último tramo del ascenso “Hola Los Doble A. Si a esa altura nos faltaba ya el aliento, este saludo nos lo devolvió. Llevar menos de una semana aquí y cruzarnos con alguien que nos identifique y nos salude con gratitud nos emocionó a tope.

Observamos sin prisa los cuatro horizontes desde lo alto, intentando imaginar las dinámicas de vida en aquel sitio cuando no era un atractivo turístico hasta que estuvimos listos para el descenso.

Entre los cactus hacíamos unas fotos vaqueras y algunos chistes cuando nos topamos con una nueva plaza, un palacio y un último templo, La Pirámide de La Luna. Un remolino arrebata el sombrero de Nicolás y abusa de sus reflejos durante unos segundos. Solo lo veo yo y me cago de risa. Remolino 1 – Nicolás 0 y así termina el duelo.

Sentados con los pies al aire en este último templo que es uno de los extremos, enfocamos toda la ciudad desde un punto cero hasta su fin. Sentimos rocknroll puro. Sabemos que vamos a volver.


Capítulo 7. Narrado por: Nicolás Parra (bajista)

Después de tanto trajín, necesitábamos una mañana completa de descanso, casi no nos levantamos. Salimos hacia Cilantro Media, donde tendríamos que grabar una entrevista y un live para un programa llamado The Indigo Show.

Sale una señora a recibirnos y se excusa de antemano porque tendremos que compartir camerino con una artista española, nosotros nos miramos y decimos, ¡hay camerino! Allí encontramos café, refrescos, donas, manzanas, y un espejo grande con bombillos, que felicidad, un camerino.

Dimos la entrevista y a tocar… Por fin un escenario con luces, pero faltaba lo mejor, justo antes de empezar sacaron la máquina de humo y todos celebramos. ¡Jajaja! Es que ahí si nos sentimos en nuestra salsa, la máquina de humo es tal vez una de las inversiones que más hemos disfrutado como banda.

Salimos corriendo después del toque, no sin antes tomarnos una foto con todo el equipo técnico, los que se emocionaron mucho porque nadie antes les había pedido una foto. Atravesamos la ciudad y llegamos a un bar muy bonito llamado La Bipo, allí nos entrevistaron para Freim, un programa en Facebook y nos quedamos un rato después para que los chicos se tomaran unos mezcales. No se imaginan cuanto se puede llegar a reír uno, con Ángel y Sierra prendidos de la buena vibra del mezcal.

Llegamos tarde a casa a descansar porque mañana es otro día con bastante voleo.


Capítulo 8. Narrado por: Gustavo Álvarez (mánager)

Pocos lugares tienen un valor estético tan complejo como el DF. Caminas por un centro histórico lleno de rumores, de gente diferente, de extranjeros, de avisos, periódicos, revistas y mucho cemento. Es exquisito, es burdo, es la misma sensación que te deja la naranja y el pique al acompañar un mezcal.

Salimos de la estación del metro para empezar el recorrido con una torta de jamón, como la que los chicos vieron toda su vida en el Chavo del 8. Caminamos por la Reforma, una avenida que es algo así, como la Oriental en Medellín pero gigante (incluso con piramides en un tramo). Pasamos por el Café de Tacuba y conocieron el porqué del nombre de la banda.

Ángel se camufla entre los borrachitos de un parque y nos hace reír, Manuel nos persigue con su cámara para que todo quede registrado y Sierra camina extasiado con la arquitectura; hace comentarios sobre las estructuras, le toma fotos a todo y sufre cuando ve un muro torcido. Yo miro hacia arriba y me siento caminando por Metrópolis.

Llegamos al Palacio de Bellas Artes. Imponente, con caracter. Recorremos su interior y a pesar de sus bellos detalles hablamos de lo que nos genera: excesos y la sensación de no pertenecer a un espacio como ese. En la mitad de este recorrido algo me pasó. Algo sacudió mi memoria y me llevó a pensar en la persona que me presentó estos lugares. Gabriel Arrieta era un apasionado por la música. Cuando empezaba a trabajar con Nepentes fue de los primeros que nos abrió la puerta en Bogotá y desde allí siempre fue toda una aventura encontrarme con él. Unos años antes, me había llevado a caminar el DF por primera vez. Estuvimos horas llorando de la risa con amigos en un lugar llamado la Casa de los Azulejos. Escuchamos sus historias y nos desatrasamos de lo que había pasado en nuestras vidas.

Tomando tinto en ese lugar junto a la banda y extraño tener cerca esa vibración especial. Escucho su carcajada rebotando contra las paredes de esta casa vieja que lo han visto todo y sin querer lloro. Los Doble A no entienden nada de lo que pasa. Más tarde les conté.

Después de México, lo vi un par de veces (en Medellín y Bogotá), se le veía más calmado, tranquilo y rodeado de amigos. En agosto del año pasado su cuerpo nos dejó, pero en este viaje ha estado muy presente.

Salgo al balcón y cierro los ojos para intentar calmarme. Recuerdo que hay que estar en buena disposición, esa noche hay show en la Pulquería Insurgentes en un evento organizado por Pollo Rock, con mucho rockn’roll y bandas de México, Panamá, Chile y obvio Colombia (muy buen parche, a parte de un incidente con una banda… jamás se acerquen a los Kompadres Muertos).

Saco una sonrisa de oreja a oreja y me digo: Chao Gabi, gracias por todo. Despido a un amigo en un lugar donde fuimos de verdad felices.

Compramos unos cuantos regalos camino al metro y el día siguió su curso. Al igual que las vidas de quienes tuvimos como hermano de carretera a un pirata del rock.


Capítulo 9. Narrado por: Gustavo Álvarez (mánager) y Manuel Rojas (fotógrafo)

Grupo 1. Sierra y Manuel:

¿Ciudad de México es enorme? ¡Sí! Lo descubrimos un día dedicado a compartir con medios universitarios, escritos y radiales. Atravesamos la ciudad varias veces al punto que decíamos, ya hemos pasado por acá. Antes de arrancar desayunamos Sopes, de los cuales nos volvimos fans y pedimos varios más.

Las entrevistas fueron muy productivas y entretenidas, Sierra pudo contar las experiencias vividas en la primera semana en tierra azteca y lo que se venía los siguientes 3 días en el Circuito Indio, al final de la jornada cuando por fin oscureció nos encontramos con el resto del grupo y unos amigos.

Grupo 2. Ángel, Nicolás y Gustavo:

Sierra nos iba a cubrir en el DF. Nuestra misión era regresar a Toluca y dirigirnos a Metepec para cumplir con la agenda de medios que nos había armado nuestro amigo Juan de Puerquerama. La primera parada fue en la carretera a comer tacos de costilla, la segunda fue en el parque a comer helado, la tercera fue en un restaurante tradicional donde comimos un delicioso guacamole con bichos de la región, la cuarta fue en la cantina del pueblo a probar un delicioso trago artesanal mientras sonaba The Doors (sí, The End sonando en una cantina de pueblo).

Luego de comer durante todo el día y disfrutar de los paisajes del recorrido volvimos a casa. ¡Ahhhhh! Las entrevistas estuvieron increíbles y prometemos volver, nuestros estómagos lo necesitan.


 

Capítulo 10. Narrado por: Nicolás Parra (bajista)

Mexicali 56, 12.00 PM decía la cita, debíamos estar allí para partir hacia Texcoco en una nueva aventura. Sí, atrás en Colombia veníamos de hacer el Tour del Arriero, de meter todos nuestros equipos en las maletas del Twingo y del Aveo e irnos por los pueblos de Antioquia a tocar con la aventura, el rock and roll y el trabajo como bandera; pero nunca jamás en nuestra historia como banda, nos habíamos montado en una van, con otras dos bandas, a hacer 3 conciertos en 3 días seguidos, en 3 ciudades diferentes, en todos nosotros se podía ver la ansiedad, la emoción y la expectativa que esto creaba.

Conocimos entonces a Memo de Descartes a Kant, quien era el encargado de coordinar todo y quien fuera nuestro ingeniero durante las 3 fechas. Nos enamoró con su profesionalismo, serenidad y buena onda, absolutamente todo el tiempo, hasta en los momentos mas pesados de los trayectos. También conocimos a los Joliette y a los Hong Kong Blood Opera, las dos bandas que nos recibieron como opening act en sus shows, nos montamos en una van rumbo a Texcoco, tierra desconocida.

Estamos muy cansados, se siente el trajín de la gira, la noche anterior no dormimos bien y todos nos quedamos dormidos en el trayecto, llegamos, las 3 bandas ayudamos a desempacar los equipos y nos llevaron a almorzar a las dos bandas que hacíamos soundcheck de último. Sierra no está bien, ha estado muy enfermo y a todos nos preocupa, el dice que nos tranquilicemos, pero se ve débil y no es fácil verlo así, probamos sonido y dejamos todo listo para el show, que esta vez iniciará temprano.

Nos subimos a darlo todo en el escenario, fue un buen concierto, sin embargo teníamos esa sensación de que no estábamos al 100%, yo veía a Sierra aferrarse al mic mientras cantaba y no podía saber realmente si estaba muy empeliculado cantando o si se estaba sosteniendo para no caerse, después me confesaría que en realidad la estaba pasando muy mal. Sacamos el show adelante y hubo buenos comentarios de parte de los presentes, esa sensación de que te tratan bien antes de verte tocar, pero después de verte tocar te tratan con respeto, eso sentimos y con eso bastaba dadas las condiciones.

De nuevo a la van, hacer amigos en la ruta, reír, y tratar de descansar un poco mientras volvíamos a casa para descansar, pues el próximo día vuelve y juega todo nuevamente. México tiene mucho rock and roll.


Capítulo 11. Narrado por: Andrés Sierra (guitarrista)

Después de un difícil show en Texcoco, no me sentía bien. Pero en un nuevo día me levanté mucho mejor. Amanece y arrancamos bien tempranito. En México, 11.00 AM. Para Pachuca, pensando qué también estaba cerca, pero esta ves nos encontramos con que esta ciudad está a una 3 horas del DF.

No siendo más nos embarcamos en la van de Circuito Indio, que está bien nueva, bien chévere, bien grande… Pero bien corta de espacio entre sillas. Resulta que La Doble A cuenta con talla promedio 1.90 mts, nos acomodamos y de inmediato estallan las risas que nos acompañarán hasta el destino. Los chicos de Joliette y Hong Kong Blood Opera son reparceros y en estos 2 días le hemos entrado a las chanzas de la mañana, muy mexicanas algunas que ni entendemos pero el acento hace lo suyo y estallamos de risas… Hay un humor muy Doble A del que ellos también participan y complementan un trayecto que se hizo corto, aunque entre atascos y atajos llegamos medio mareados.

Hay un momento bien chévere de rodar en el Circuito y es el almuerzo. En una cadena de restaurantes la gira come y es el momento para planear temas del show o compartir de manera más tranquila entre bandas. Salimos rápido hacia el lugar del show y tratamos de dormir, bueno, Tavo se duerme y estamos a 5 minutos del lugar, si Tavo se duerme, estamos cerca. Nos encontramos con un bar propició y bien bacano para los conciertos, pero aquí empieza una tarea bastante efectiva y de la cual aprendes mucho con el Tour del Arriero: el montaje para los shows se hace en bombas.

Sin líos todos estamos trabajando, cargando, cableando, haciendo lo que nos corresponde tanto los del montaje como las bandas apoyando. Las pruebas de sonido siempre se hacen un tanto extensas.. igual el paisaje alrededor y el clima de Pachuca es bien chévere. Probamos sonido lo más rápido posible piloteados por Memo, un parcero y un profesional. ¡Otra vez, gracias MEMO!

Salimos de vuelta por la zona donde estaba ubicado el lugar para los shows y casualmente está cerca al estadio de fútbol del Pachuca, una oportunidad que no podíamos dejar pasar… Pachuca juega en el Estado de Hidalgo y resulta que desde la mañana nos hablaban de los Pastes, comida muy de la región que debíamos de probar. Fue el momento, fuimos por los Pastes y entonces descubrimos que además de lo similares, igualdades, eso de hermanos latinoamericanos, los Pastes son pasteles hojaldrados con lo que se te ocurra adentro, dulces o salados. Nos sentimos en una panadería de la tierrita, no dejen de probarlos si se pasan por Pachuca, hay varios sabores exóticos.

Así entonces nos dirigimos al estadio donde el arquero Miguel Calero se hizo grande e inolvidable. Hay en uno de los costados un monumento en su nombre, y aunque el estadio estaba cerrado, pudimos pasear por los alrededores. De allí retornamos a esperar las 10.00 PM para iniciar el show, ya encontrado el lugar con una muy buena cantidad de gente, y sube la adrenalina. Todo preparado y subimos al escenario, que desde el primer acorde la gente se conectó, querían rockn’roll y La Doble A sonó con toda. Fue uno de los mejores shows. La gente muy contenta preguntándonos por nuestra ciudad y bromeando con nuestro acento… llegaron entonces los parceros compañeros del Circuito y también hicieron detonar el escenario. Entre chelas y fotografías nos demostraron mucho afecto y agradecimiento los asistentes.

Se terminaron los shows y de nuevo a la van, este momento siempre es muy divertido porque andamos todos muy estallados y contentos, esa primera hora de viaje son solo carcajadas y canciones, que en esta ocasión y por algún motivo inician con Yuri, Celena, pasan Queen of the Stone Age, Limp Bizkit… y así, todo normal. ¡Jajaja! Hasta que el 90% de los ocupantes de la van caen dormidos. No olvidar que llegamos a las 3 am llegamos a desempacar equipos y guardar que mañana el rockn’roll continúa.

Puedes revisar la primera parte de este viaje haciendo click aquí. | R


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