Breakfest cerró su quinta edición en medio de un Julian Casablancas que incomodó a la gente y una asistencia que no fue la más ideal.

 

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La fórmula científica había resultado exitosa el día anterior. Quienes pudimos asistir al primer día de festival todavía seguíamos impresionados con la puesta en escena que experimentamos gracias a Pet Shop Boys en el escenario principal. Lo que continuaba, sería el día que ya nos acostumbraba el festival durante el resto de ediciones: el sábado.

El clima desde el inicio, le volvió a dar un guiño al festival, como el día anterior. Un sol radiante volvía a despejar el cielo de Medellín, siguiendo con la impresionante tradición: no ha llovido en ningún Breakfest. Con ello, la gente se acercó con entusiasmo a vivir desde temprano la experiencia del festival, con la posibilidad de querer ver y conocer bandas nuevas, pero se encontraron con el primer problema.

Foto: Juan Urrego (@felinografo)

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Con inicio a las 3.00 PM en la tarima principal, al mando de Inwaves, lastimosamente la banda inició y a los 20-30 minutos se habilitaron las puertas al público. El plan original era que desde las 2.00 PM se permitiera el ingreso, lo cual impidió que la gente pudiera ingresar tranquila, disfrutar de las atracciones y quedar libre para parchar en los escenarios.

Con cerca de 10-15 personas presenciando, Inwaves dio un show enérgico y muy rockero, pero solo pudieron disfrutarlo entre ellos, pues el panorama que tenían al frente no ayudaba para algo más. En concreto, medir su balance frente al show y la posibilidad que representaba en el papel tocar en el festival más importante de la ciudad, fue algo nulo.

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Continuaban los amigos de Oh’laville, que regresaban a Medellín después de su concierto en mayo. La espera de 30 minutos que hubo entre Inwaves y ellos, permitió que más gente entrara al festival, llegando a tener unas 200 personas en el escenario para disfrutar de su propuesta.

Foto: Sebastian Mesa (@smesa827)

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En medio de un sol que ya pintaba al ocaso, Oh’laville despachó un show donde presentaron nuevas canciones, inyectaron poder y rock n’ roll al parche, y alcanzaron puntos muy altos con canciones como Magia Negra, que tuvo una versión extendida llena de una onda oscura y agresiva, como también hubo una Cielo triunfante entre el público, donde reconocimos que un gran parche los conoce, quería verlos y deseaban cantar sus canciones. El resto, se dejó permear de su energía arrolladora.

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Después, aparecía la que, sin duda, sería la banda nacional triunfante de todo el festival. Los Makenzy, a pesar de sufrir la asistencia que recibía el festival para ya caída la noche, donde ya se notaba que la jornada no fue la más vendida, alcanzaron a tener a cerca de 500-600 personas presenciando su concierto. Un power trío que mezcló entre lo eléctrico y lo acústico, con guitarras, bajo, contrabajo y una rítmica batería, que llamó la atención de todos los presentes. Largos solos, distorsión, mucha música y los momentos de calma para cantar cada canción.

Foto: Juan Urrego (@felinografo)

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El show debut de Los Makenzy en Medellín dejó gratas impresiones entre todos, y sin duda, quienes los vieron van a tener en el radar a esta banda, que empezó a calentarle los motores a todos los presentes para lo que seguiría en la jornada del festival.

Ahora, tuvimos la fortuna de hablar con ellos en la mañana, y nos decían que no sabían cómo los iba a recibir Medellín ni tampoco tenían referencias de tener seguidores en la ciudad. Ya han realizado un trabajo en Bogotá, que hoy se ve recogido en un sold out para el Armando Music Hall este miércoles 11. Pero hasta ahora, su primera visita a la ciudad se haría con el Breakfest y con unas 2000 personas presentes. Estamos hablando de Rawayana.

Foto: Juan Urrego (@felinografo)

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Con 8 personas en tarima, fue uno de los mejores shows del festival, como lo habíamos anticipado. Fiestero, exquisito, alegre, con toques de reggae, tonalidades grooveras y funky. La gente, aunque no los conocía, bailaba y disfrutaba de lo que tenía al frente. Al final, la Funky Fiesta y High elevaron el ánimo de la gente, que respondió a lo que propuso la banda, con aplausos aclamatorios al final. Esperamos muy atentos su regreso a la ciudad, que de seguro tendrá gran parche del que los vio este sábado.

El reggae seguía a flote, y continuaba la leyenda, Lee Scratch Perry. Pero contextualicemos: Suma 81 años. Produjo a Bob Marley & The Wailers. Se le considera el creador del Dub. Quemó el estudio que armó (donde grabó a Marley) en 1970. Hace dos años quemó el otro estudio por una vela que olvidó apagar en él. Y listo. Ya tienen. Eso resúmanlo en un show de una hora. Con una gran banda detrás, que entiende el reggae a la perfección y sonando con potencia, la gente lo disfrutó demasiado bailando durante todo el show, pero el resto fue este loco hombre cantando por encima de lo que sonaba. Poco se entendió, y si nos preguntan, vimos un viejito delirando con un micrófono, pero puede hacer lo que quiera, oímos hablar a personajes reconocidos del reggae en la ciudad.

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Foto: Sebastian Mesa (@smesa827)

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Y continuando con cosas extrañas, pero potentes, llegaba el segundo headliner del festival al comando de Julian Casablancas y su banda The Voidz. Al igual que Bomba Estéreo el día anterior, el público se dirigió de forma masiva al escenario principal. Se notaban algunos vacíos, sí, pero ya habían cerca de 4.000 personas expectantes por el neoyorkino para presentar su proyecto solista, teniendo varios una fe ingenua de que interpretara alguna canción de The Strokes.

Con una gran banda llena de virtuosos y un Casablancas con distorsión y varios efectos en su voz, llegando a sonar como un robot, la gente poco a poco empezó a retirarse del escenario. Lo que sonaba no era para ellos, y la expectativa se fue al suelo. Un proyecto experimental, con tintes oscuros y muy bajos, que no daban ni cerca indicios de fiesta, fue lo que deparó el show de Casablancas con The Voidz. Incómodo, provocador, caprichoso, en una ciudad donde no funciona lo experimental por primar lo popular, el escenario llegó a tener un tercio de su capacidad.

Foto: Sebastian Mesa (@smesa827)

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Los que seguimos hasta el final estuvimos de porfiados en ver en su totalidad lo quería presentar Julian con su banda. Eso sí, después de un descanso y siendo el final, Instant Crush salió a flote. No se emocionen demasiado, anticipó Casablancas, que con aires de hacerlo más por obligación que por naturalidad, presentó la canción. El público se emocionó, grabó sus vídeos, subió sus historias a Instagram, se despidió Casablancas del festival y acabó el show.

Es claro que el proyecto no busca ser comercial, y quiere ser todo lo contrario a esa fama que logró Casablancas con The Strokes. Convertido en un tubo de escape donde puede recorrer ciudades que no soportan los presupuestos de Strokes, donde probablemente visite sitios con 300-400 personas (como lo fue Barranquilla) y donde reiteramos, es el capricho de un tipo que ya está en la cúspide de la historia del rock y busca otros retos creativos donde hay depresión, caos y oscuridad, cosas que el público de Strokes no permitiría en un disco de la banda.

Error hay en el público, por esperar algo completamente distinto. Error también hay en el Breakfest, que apostó por jugar más con el nombre del artista que en la comunión que debe tener la propuesta musical con el público que consume y quiere disfrutar del festival. Simple y llanamente, parte de la promoción que tuvo Breakfast Club, fue ir compartiendo canciones de la reconocida banda, como Reptilia, esperando que cayera alguien en el anzuelo.

Casablancas puso de la mejor disposición para este show, del cual se armó el resto de la gira por Suramérica. Se quedó cerca de 4 días en Medellín, anduvo las calles de la ciudad, investigó sobre el festival, lo disfrutó el viernes, cuentan desde adentro que estuvo sobrio pidiendo agua y café, fue amable y dispuesto para los medios de comunicación, fotos con fans y demás. Todo lo expresó entre las canciones, Cool Los Yetis, Me quiero quedar a vivir acá, Cool Festival, not a cool band, I guess, entendiendo su posición dentro del espacio en el que estaba.

En definitiva, sería una terrible equivocación matar y sacrificar a Julian Casablancas, como hoy muchos en las redes lo hacen; como también sería un error creer que el festival dio en el blanco con la elección de este para su cierre, ya que no era el proyecto que merecía la gente que creyó en el festival comprando la etapa Fanáticos o yendo a un día que por poco deja evidenciar un vacío en asistencia.

De resto, la buena para Julian, gracias por caer, ojalá vengas a vivir a Medellín, y gracias también por la maravilla de concierto que nos regalaste en marzo en el Estéreo Picnic. Te queremos mucho, al igual que al Breakfest | R

Andrés Lopez
Desde 2011 metido en el ámbito del rock local. En octubre del mismo año crea Rockal para compartir y difundir sus gustos musicales. Estudiante de Comunicación Social – Periodismo en UPB Medellín.


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