Con unos Cadillacs gigantes y un Attaque77 que puso a cantar a una ciudad que los quiere, el experimento de Arena Rock funcionó.

 

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El encuentro de dos generaciones, amantes del rock y de la música en vivo, fue el resultado de una noche de Arena Rock Medellín, donde cuatro bandas, unidas entre sí por diferentes circunstancias, lograron llevar a cerca de 4.000 personas al City Hall El Rodeo.

Sin embargo, el evento tuvo que trasladarse de La Macarena, al nuevo sitio de eventos City Hall El Rodeo, debido a una baja venta de boletería. La Macarena alcanza a sumar más de 10.000 personas, mientras City Hall informa que 4.000. El antecedente más inmediato de Los Fabulosos Cadillacs en la ciudad invitaba a ir de primerazo para La Macarena, pues en 2009, la llenaron.

Gran parte del concepto e ideal que tenía el evento, era volver a congregar a esos que llenaron La Macarena, junto a todo aquel que decidiera unirse. Además, se tenía el valor agregado de juntarlos con Attaque 77, una de las bandas argentinas más exitosas en Medellín, Tr3sdeCoraZón y Mojiganga, las dos bandas locales más mainstream que tiene la ciudad. Todo podía conectar de inmediato a la nostalgia de años anteriores, donde cada banda tuvo su apogeo mediático en el país y logró quedarse en la cabeza de las personas a las que iba dirigido el concierto.

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Fue por eso que llegar al Arena Rock, era ingresar a un espacio donde te encontrarías con amigos de toda la vida, con quienes se armó el parche para ir, y que uno de los puntos en común con ellos, estaba en escuchar a Los Cadillacs o Attaque 77. Además de unos cuantos jóvenes que esperaban ansiosos, la posibilidad de ver a una de las grandes bandas argentinas de todos los tiempos.

Pero antes de empezar a hablar de la música, hay unas cosas que sí debemos referenciar sobre el City Hall El Rodeo (sitio que este equipo de trabajo ama y desea que le vaya muy bien, ya que su infraestructura ayudará a Medellín para mejores conciertos), y como fue nuestro primer concierto allí, encontramos algunas falencias en él.

Para empezar, el ingreso. Creo que todos en Medellín conocen la entrada del Club El Rodeo, ¿cierto? Sí, esa que queda después de Campos de Paz, sobre La 80. Pero ahora, ¿sabía usted que también hay una entrada por Belén Rincón? En efecto, había que dirigirse a esa entrada para el ingreso. Si el taxista conocía el camino, perfecto, pero de resto, a muchos les tocó sufrir para encontrar esta entrada, que es doble vía y con un solo carril, así que imagínese el taco que se armó mientras se bajaba alguien del carro.

Los parqueaderos. Cuenta el City Hall que uno de sus beneficios son sus parqueaderos, pero a las 8.00 PM, ya no habían cupos disponibles. Y sí, se anunció que era limitado, pero se debe conocer también que gran parte del público objetivo del lugar, es gente que tiene su vehículo y gusta transportarse en él. Además, no se habilitaron los parqueaderos del Club, ¿dónde está entonces la alianza constante entre ambas organizaciones? A la gran mayoría le tocó buscar parqueadero en Belén Rincón, y no se sintieron muy cómodos al respecto.

El puesto de comidas. Por último, pero sin dudas la peor queja: el sitio de comidas. Solo un establecimiento, puesto por el mismo City Hall, para los 4.000 asistentes. Con muy poca oferta, sufrió de algo insólito: una fila que podía superar fácilmente las 70 personas. Además, muchos se quejaron del costo, “¿Esos perros que te venden en 2.000 con Avena en el Estadio? Acá los están vendiendo a 8.000”. Para colmo, mientras había gente que llevaba más de 1 hora en la fila, llegó un momento en que dijeron “qué pena, se acabó la comida, no hay más servicio”. Imagínense lo amigable de la situación.

Esperamos que se solucionen y se tomen medidas frente a estas críticas, ya que si no hay una mejoría, la percepción del lugar va cambiar terriblemente, haciendo que los empresarios eviten tomar el sitio, ya que a la gente no le está gustando lo que ofrece.

Lo que no puede negociar la opinión pública, es todo lo que ofrece para el espectáculo. Una grandiosa acústica, es bajo techo y cuenta con algo de ventilación. Los asistentes iban a disfrutar de una experiencia sonora muy buena, donde todo se iba a escuchar patentico.

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Foto: Juan Urrego (@felinografo)

A las 7.00 PM, puntual, empezó Tr3sdeCoraZón. Fuera de su zona de confort, la cual está marcada en los conciertos que organizan y los otros, donde son invitados, como en municipios o pueblos de Antioquia, Tr3sdeCoraZón tenía el difícil reto de abrir frente a un público no tan joven, ya con una edad que acostumbraba a escucharlos, pero que después le fueron perdiendo el encanto, porque así es la tendencia que ofrece esta banda.

Sin embargo, triunfaron de forma campante en el Arena Rock. Gritos, aplausos y algarabía. El City Hall además contribuía a que se escuchara la gente cantar, que a medida que continuaba Tr3sdeCoraZón disparando éxitos, las voces en el lugar se alzaban y alcanzaban a opacar el sonido de la banda en tarima. Para destacar, que su cóver de Décimo grado fue entonado por la mayoría del público, dando respuesta de hacia dónde y para quienes, fue grabada la canción.

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Foto: Juan Urrego (@felinografo)

Continuaba Mojiganga, que habíamos visto el fin de semana anterior en Manizales. Y si allí los vimos con problemas de sonido y con un público muy joven, acá logramos presenciarlos en plenitud y con el público de más de 30 años que hemos destacado en la nota. Su estado de grandeza y cariño en la ciudad es impresionante. Al salir a escena, los aplausos y el griterío no se hizo esperar, como tampoco las canciones, pues Moji se subió y empezó a darle, dando poco tiempo al descanso y tocando las canciones una tras otra.

Un Ole ole ole Moji Moji fue la respuesta masiva del público, que atendió al reto que le puso la banda de armar pogo, y así fue, las tres localidades, cada una en diferente proporción, se unió para dar vueltas y darse duro por uno momento. Mojiganga además, también dio un repertorio variado que repasó todos los discos. Libertad de Atómico, Paloma del Mojiganga o La familia iskariote del tributo a Kortatu, fueron lujos que se permitió dar la banda entre un público que las desconocía, pero que las escuchaba con curiosidad, pues le mostraban que la banda no se quedó en lo viejo, sino que también ha hecho música en los últimos años.

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Foto: Juan Urrego (@felinografo)

La fiesta iba aumentando entre cada banda. Y aterrizaba la primera argentina de la noche: Attaque 77. Con una bandera colombiana proyectada en la pantalla, junto al logo conmemorativo por los 30 años que celebran, iniciaron con El cielo puede esperar. Las voces del público de inmediato respondieron y la banda empezaba a acomodarse en escena. Ángeles caídos, Western y su Ooooh oh Oooh oooh y Gil, fueron las cuatro canciones que de corrido tiró Attaque. El público ya estaba conectado y extasiado, porque la gran mayoría de los asistentes conocían y cantaban las canciones de la banda.

Somos Attaque 77 de Argentina, saludaba Mariano con esa picardía de hacer pensar que no sabíamos quienes eran, y el público gritaba emocionado. Hit tras hit, Attaque regalaba canciones al público. El Ole ole Soy de Attaque, es un sentimiento…, era la forma de agradecimiento”. Pasaron Amigo, Hacelo por mí, Setentista, Jorobadito, se montó Sebastian de Tr3sdeCoraZón siendo presentado como “a ellos les debemos todas las veces que hemos venido a tocar”, para cantar Espadas y serpientes.

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Con un incómodo momento, en el cual Mariano preguntó si tocaban canciones nuevas, a lo que el público respondió con un tímido “Nooooo, Como salvajes, de su más reciente placa Triangulo de fuerza, fue la respuesta a un “Bueno, igual la vamos a tocar” que dijo Mariano. San Fermín tampoco fue muy cantada, pero después, la banda empezó a dar con los éxitos. Beatle, con una preciosa entrada a la guitarra acústica, terminó, sin descanso y dio protagonismo de nuevo a la guitarra acústica: Arrancacorazones. Coquetísima dupla que presentó la banda. Cerrando con Donde las águilas se atreven y No me arrepiento de este amor, Attaque agradeció la calidez con la que siempre los reciben en Medellín, pues acá, los aman locamente.

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Foto: Juan Urrego (@felinografo)

Continuaba una espera larga, pero tranquila, al fin y al cabo. La mayoría de personas decidieron quedarse en su sitio y buscar un buen lugar para lo que se vendría: ¡Los Fabulosos Cadillacs! Ocho años separaban el regreso de esta banda a la ciudad, regreso que contó con distintos sucesos, como tres nuevos discos de Vicentico como solista, Flavio lanzó también tres discos de su proyecto solista Señor Flavio y además se montó al bus de De La Tierra. ¿Ha pasado demasiado tiempo, no?

La espera terminó cuando entre un escenario negro, se oyó el soundtrack de James Bond. Con ese sonido a clásico que genera el track, ingresó la banda, y la emoción ya era más que latente. Al finalizar la intro, con un silecio de tres segundos, estalló todo con Cadillacs. Saltos de un lado a otro, algarabía y fiesta fue lo que deparó el inicio del show, que de entrada fue muy explosivo. Sin darle descanso al cuerpo, las baterías empezaban a retumbar y le dieron entrada a Mi novia se cayó a un pozo ciego, el público seguía arriba, entregado, y cantaba hasta resonar en las paredes del City Hall. El final, dio otro silencio, que paró para seguir sonando: el Cadillac no quería parar. El Aguijón con su inicio reggae nos hacía descansar un poco, pero el coro volvió a joder todo con su explosividad. Toda la banda estaba en pleno para darle rueda a las canciones frente a un público que andaba feliz de la vida frente a lo que estaba presenciando.

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Foto: Juan Urrego (@felinografo)

Vicentico en el inició, empezó con una actitud algo mística, como cargada de misterio al personaje que representa, porque es un personaje en escena. Con la capucha de su buso cubriendo gran parta de su cara, solo exponiendo el micrófono, iniciaba con El genio del dub, para empezar a darle otros colores al concierto, que empezaba con los ánimos muy arriba.

Pero los éxitos no paraban, y al terminar El genio, nos arrebataba de nuevo los vientos que le dan inicio a Demasiada presión, y el público volvía a hacer sentir su voz de forma gigante, aplacando de a poco el sonido de la banda. Los Cadillacs en ese momento ya dejaban en claro que están muy vigentes, y que su nuevo formato en vivo se acomodaba de maravilla, pues habían dejado a un lado las percusiones para incorporar dos baterías en vivo.

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Uno de los motivos por los que los Cadillacs se encuentran de gira, es su más reciente disco: La Salvación de Solo y Juan. Una ópera rock que tiene su poder en la narrativa que atraviesa el disco, ha tenido distintos comentarios, pero en definitiva, en Medellín no caló. Era momento de que sonaran sus canciones, y fue así cómo llegaron Averno, el fantasma y La tormenta, que en la primera, nos sorprendió la perfecta sincronía y comunión que tienen Fernando Ricciardi y Astor Cianciarulo en las baterías; para la segunda, conocimos la otra faceta del hijo de Flavio, pues se montó bajo al hombro para acompañar a su padre. No saben lo profundo que suenan dos bajos a cargo de uno de los mejores bajistas del continente, y su hijo, que algo le ha aprendido (toca demasiado los dos instrumentos que interpreta en vivo).

Pero después de contemplar aquellas dos canciones y con un público que empezaba a sentirse cómodo, estalló Calaveras y diablitos, donde la euforia volvió a hacer presencia. El cierre estuvo marcado por la primera interacción entre la banda y el público. Vicentico marcó la mitad entre el público, haciendo que una persona que estaba ubicado en el separador entre el escenario, levantara su mano para hacer de Moisés y dividir las aguas del público en dos, que por un lado respondían a Calaveras, y por el otro, Diablitos. Allí se vio lo amigable que andaba Vicentico y la banda, que indirectamente daban un mensaje de lo cómodo y familiar que se sienten en escenario, pues parecían en la sala de la casa.

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Foto: Juan Urrego (@felinografo)

La canción terminó siendo una versión extensa, que tuvo un cierre marcado por el silencio, donde los Cadillacs, no permitían que siguiera, pues Manuel Santillán estalló y el público empezó a saltar. El personaje de Vicentico ahora era encarador, como un perro que desafía al otro. Las venas abiertas de América Latina seguían con lo explosivo y el pogo aparecía por primera vez con la banda, que se desataba con todo en este track. Al finalizar, Saco azul salió a flote entre el aire a distorsión donde nos ingresaban los Cadillacs.

Pero también había momento para la fiesta, y con Revolution Rock inició todo. El baile se apropió del público, que se movía de un lado para otro, desplegando alegría pura. Continuó Carnaval toda la vida, porque los éxitos de los Cadillacs no paraban. Pasó Carmela, que la cantaron con el alma, y después Mal Bicho, con Vicentico y Flavio enfilados.

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Con un Flavio a cargo de dirigir las voces del público en el coro, con Vicentico pidiendo silencio para ir de a poco a estallar y terminar como una bomba la canción, Los Cadillacs tiraban Matador para cerrar la tanda cantando, donde Flavio al final decidió agarrar su bajo para dispararnos junto a la banda. Terminaron y se guardaron por un rato atrás, para tomar un aire, al igual que nosotros, pues no se guardaron nada y soltaron toda la artillería disponible.

Al regreso, casi sin creerlo, iniciaron con el V Centenario. Ya el pogo empezaba a dar vueltas en cada localidad, hasta que los vientos dieron entrada al Quinto Centenario, ¡no hay nada que festejar!. Cuando Los Cadillacs a veces se ponen punk, son una poesía musical andante. Y por esa misma descarga de energía, tocaba nivelar, por eso una luna gigante adorno el City Hall para empezar a cantar Siguiendo la luna.

Los Vasos Vacíos indicaban que la noche iba cerrando, ya por eso cantar era una obligación. El Satánico Dr. Cadillac fue el anuncio de que la noche se iba acabando, y el cierre, aclamado por la gente, fue con Yo no me sentaría en tu mesa y su clásico cantar de voz. Ya el escenario fue otra fiesta, donde también se montó Jay, el otro hijo de Flavio a tocar la guitarra, y Vicentico decidió subir a la batería para acompañar a Astor. La canción terminó cantándola Flavio con su alegría y buena onda, que contagio al lugar en un cierre que mandó a todo el mundo feliz a casa, en un jueves que ya era viernes y donde tocaba ir a trabajar o estudiar, pero con la alegría de haber visto a los Cadillacs, tocando para Medellín. | R

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Andrés Lopez
Desde 2011 metido en el ámbito del rock local. En octubre del mismo año crea Rockal para compartir y difundir sus gustos musicales. Estudiante de Comunicación Social – Periodismo en UPB Medellín.


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