Residente visitó Medellín con su proyecto solista, y solo les diremos algo que resume su concierto, ¡la rompió!

 

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Cuando se anunció el concierto, la expectativa fue inmensa. La relación entre Residente con Calle 13 y Medellín ha sido una constante devolución de amor, donde ambas partes han sido felices al encontrarse. El momento cumbre, sin duda, fue el concierto en la Feria de Ganado, donde cerca de 100.000 personas llegaron a la zona norte de la ciudad para disfrutar de un concierto sin precedentes. Además, cada vez que tocaron en la Plaza de Toros La Macarena, Calle 13 la llenó sin problema, agotando las entradas faltando pocos días.

Y la previa parecía indicar eso, que Residente iba a llenar de nuevo La Macarena, que no influía en la percepción de la gente el hecho de que llegara con su proyecto solista, y que, por lo contrario, generaba más curiosidad por parte del público, como también la oportunidad para otras personas, de oír el repertorio de Calle 13.

Lastimosamente, ingresar al sitio cambiaba la historia. La segunda bandeja de La Macarena no se habilitó al público. Todos los que compraron General fueron reubicados en VIP (la primera bandeja), a los costados, y más al centro del escenario, se quedaron los de VIP. Con lo que contaba Platino, podíamos estar hablando de 5.500-6.000 personas dispuestas para el concierto. A comparación de lo que sucedió 3 días atrás con Los Fabulosos Cadillacs, Residente terminaba bien parado en lo que respecta en cuanto asistencia, pero en realidad, no se entendía la poca venta de boletería, ya que, en una plaza como Cali, agotó. ¿Poca difusión? Puede ser una respuesta. Por ejemplo, la emisora aliada del concierto fue Oxigeno, emisora de reggaetón en la ciudad, donde en definitiva, no iba a estar el público potencial de esta etapa de Residente.

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Foto: Sebastián Mesa (@smesa827)

Pero de igual forma, la gente que llegó, eran los fieles y firmes oyentes del puertoriqueño, que con este proyecto ha girado alrededor del mundo, logrando elogios por su show. Y les anticipamos algo: los tiene bien ganados los comentarios.

Con una banda de 7 músicos, agrupados alrededor de él, y un impecable montaje visual, Residente se subía al escenario para desatar toda su energía. Somos Anormales fue el inicio de un viaje que estuvo guiado por su nuevo disco, pero que tenía sus momentos de éxtasis en los éxitos de su banda principal. El primer sencillo de Residente, gustó y fue el comienzo de la salvajada de concierto que nos iban a regalar sus músicos.

Sin pausa, acabó la primera canción e iniciaban a sonar los violines: No tengo mucha plata, pero tengo cobre. ¡Aquí se baila como bailan los pobres!. El Baile de los pobres le daba rueda al cancionero de Calle 13, que ponía a cantar a los presentes en La Macarena. Pero al finalizar, Residente no quería que perdiéramos el impulso y por eso continuó con otra de la 13, levanten el paso y brinden por El aguante. Allí, la banda se desfogó. Con Thomas Pridgen en las baterías (un animal por completo) y Daniel Díaz en las percusiones, teniendo como instrumentos principales, dos Surdo, convirtieron a la banda en una máquina de percusión impecable, llena de golpeteo, punch y ritmo. En ellos cargó todo el peso grave de la banda, ya que no contaban con bajista la mayor parte del concierto.

Después de tres canciones, por fin Residente dio un descanso para saludar. El ruido que generaban los gritos y aplausos del público, era ensordecedor. Sin dudas, Residente ya los tenía a sus pies. Con ello, dio el primer respiro en ritmo y velocidad, presentando a su tecladista Leo Genovese, que desplegó un solo armonioso que coqueteba con el caos, dando indicios claros de la canción que iba a continuar: el mayor éxito del nuevo disco, Desencuentro.

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Foto: Sebastián Mesa (@smesa827)

Con una bella dualidad en color rojo y azul, mirando al suelo, toda La Macarena cantó la obra más pop del álbum por narrativa y composición. Con ella, conocimos a su corista, que por momentos hacía las veces de Ileana en las canciones Calle 13, o en este caso, desplegaba un fluido francés para el desencuentro. Era Kiana Medina, conocida por haber colaborado con Cultura Profética por un tiempo, o por como la presentó Residente, una amiga de su hermana.

¿Han escuchado el final que tiene Desencuentro? Ahora imagínenlo en vivo con el par de monstruos en percusión, sumado a las guitarras de Justin Purtill, alemán que vinculó René para su gira. Con la dosis justa de distorsión, dio un solo que juntó los dos mundos que presentaba René al inicio de la canción. Estábamos encontrados con su obra.

Y es que, así como su disco grabado tiene una carga cultural altísima y un concepto claro en diferentes medios (un libro, un documental, una web, los vídeos dirigidos por él), el en vivo no se queda atrás. Todo está fríamente calculado. Previo al concierto, Residente declaró para El Colombiano, a mí no me tenía que probar nada, pero sí tenía que demostrarle a la gente qué era lo que yo hacía en Calle 13”, y en efecto, desde lo visual e impactante que era el escenario, todo tenía una razón por la cual estar ahí en esa caja negra donde vemos tantos conciertos.

Desde unas visuales que llevaban una línea gráfica clara, proyectadas sobre unas pantallas que por momentos formaban el logo del proyecto, las pantallas ocupaban todo el escenario escaladas en columnas, casi conectando con cada músico. Tenía sentido, pues la visión de los ojos se expandía y nos hacía ver hasta el borde del escenario, donde encontrábamos a uno de sus virtuosos músicos. La dualidad en colores y visuales, llenaban la experiencia sonora que nos ofrecía la banda, formando un concepto que también complementaba la canción y el vídeo que tiene. Si Residente quería demostrar algo, lo demostró desde que se hizo la prueba de ADN que dio resultado a todo lo que estábamos presenciando.

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Foto: Sebastián Mesa (@smesa827)

Residente nos volvía a dirigir la palabra, para hablarnos sobre la industria actual de la música, aquella que hace unos meses lo puso en boca de todos con la crítica que hizo, y la posterior tiradera que tuvo con Tempo, reggaetonero de Puerto Rico. Hablando de lo sucio y corrupto que se ha vuelto todo, presentó Calma Pueblo. ¡Explosiva! La banda en pleno mostraba todavía actitud y energía después de estar girando sin parar desde junio, lo cual le daba una magia al sonido que desplegaban, pues cada uno le metía onda a su instrumento. Fue así como en un momento dado de la canción, fuimos testigos de dos solos de guitarra, distintos entre sí, pero igual de impresionantes.

Cuando finalizó todo, Residente nos volvería a hablar, pero de repente y de forma rápida, se subió un seguidor al escenario. Con el celular listo, logró tomarse la selfie y un abrazo. Yo acá los recibo con todo el amor, pero no hagan eso porque mi equipo se preocupa y los bajan de un puño. Yo acá estoy en buena onda, pero he sufrido de amenazas así que mi equipo toma medidas. ¡Aunque creo que acá todos me quieren!, ¿no? (risas), comentó René, sincero y respetuoso a la vez frente a la situación.

Calle 13 seguía en la mente, y como una sorpresa, Pa’l Norte fue lanzada al público, donde Kiana volvió a demostrar el potencial de su voz en la introducción. Al finalizar, volvíamos a su disco, para escuchar Dagombas en Tamale. Le metemos sin amplificadores, ¡pa’ qué queremos radio si aquí hay tambores!, siendo una respuesta a la frase, que todos sus músicos agarraran algo de percusión para armar la canción. Por ejemplo, Elias Meister y Justin Purtill, sus guitarristas, cambiaron su pick por baquetas, para darle a toms de piso. Impecable e impactante todo hasta ahí, loco. El cierre, de nuevo tuvo el protagonismo de su baterista y percusionista, que se mandan un cierre de ‘puta madre’, no le podemos dar otra definición que exprese lo que fue.

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Para los raperitos maleantosos, habló Residente y comenzó Adentro, donde la gente volvió a cantar. Allí, Daniel Díaz nos presentó el instrumento por el cual se le conoce: un Tripandero. René, volvía a dar sorpresas, y presentándolo como un viaje al pasado, Atrevete llegó para poner a toda La Macarena a cantar. Hecha por toda la banda, y sin una sola pista, sin duda ahí estaba el mensaje en clave que quería dar René con la canción. ¡Hasta dos guitarras en distorsión le dieron sonido al track! Pero sin pausa, el viaje al pasado adaptaba su ritmo gracias a un solo en perfecta sincronía entre Daniel y Thomas, para finalizar introduciendo la Cumbia de los aburridos, y la gente extasiada continuaba cantando. Ya al final, la banda seguía tocando, donde la percusión sostenía y daba tintes altos por momentos, mientras Residente hablaba. Quiero que se abracen todos, al que tienen al lado y no conocen, todos abrácense… abrácense. Ya con todos juntos, llegó uno de los momentos más altos de la noche, ¡la banda reventó y marcó el ritmo para que un mar de gente abrazada saltara sin control! Residente seguía manejando al público a su antojo y el plan le iba de maravilla.

Por eso, había que descansar, así que presentó La sombra, una de las mejores canciones de su último disco, pero sin tanta repercusión. Sirvió para tomar un respiro y recargar energías, pues previo al concierto, Residente fue claro en sus redes: Recuerden llevar ropa cómoda para brincar y sudar por 2 horas. Ya estábamos pasando la primera, y el concierto no parecía tener ni cerca el final. Después, Guerra aparecía en escena y aunque tenía un poco más de repercusión que La sombra, tampoco fue la gran respuesta del público. Pero se notaba algo interesante.

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Foto: Sebastián Mesa (@smesa827)

Residente nos hizo pasar por varias canciones del disco, de forma amigable. Una del Residente, y dos de Calle 13. Así fue la dinámica. Además, cada canción del nuevo disco era apreciada y respetada por el público, la carga cultural y la historia que cada una tiene en su composición, llamaban la atención e invitaban a escucharla al detalle. Y fue así, como después de escuchar dos canciones nuevas, Residente volvió a soltar la artillería pesada. Fiesta de Locos puso a saltar a todo el mundo, y después Muerte en Hawaii, los puso a cantar bien duro.

Con ello, René empezó a introducir la siguiente. En sus palabras, se leía entrelineas que era Latinoamérica, y fue por ello que, sin terminar de hablar, la gente empezó a pedir a Totó, partícipe de la grabación además de ser la artista telonera de la tarde. Fotos posteriores mostraron como Totó estuvo en primera fila presenciando el show de René, pero lastimosamente, no se subió a su canción. Algo adentro de nosotros, decía que podía pasar ese momento. Aun así, el público cantó emocionado toda la obra.

El concierto ya empezaba a tomar forma de cierre con Apocalíptico, que con Residente contando su historia, la gente volvió a ponerle cuidado a uno de los nuevos track. Y nos vamos a cansar de reiterarlo: Residente generó un proyecto muy llamativo en todas las facetas posibles. Con aplausos al ritmo de la canción y el público muy arriba, La vuelta al mundo volvió a emocionar a todos, para así despedirse por un rato del escenario.

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Foto: Sebastián Mesa (@smesa827)

En medio del descanso musical y la conversación con los amigos, estaba esa pregunta de, ¿qué le falta por tocar a este tipo? Ya había realizado un repaso muy bueno por toda su carrera, además de lo extenso y emocionante que fue todo el viaje. Tal vez por eso, algunos tomaron la decisión de tomar rumbo a la salida, pero en cuanto iban saliendo, salió de nuevo la banda, con otra canción nueva, que merece párrafo aparte.

El futuro es nuestro es la penúltima canción del disco. En lo personal, es algo incómoda de escuchar en estudio, pero en vivo la parte por completo. La canción en su letra dice, estas son mis predicciones pa’ que no nos tropecemos…, y dice bien clarito el coro: el futuro de este verso es que el coro viene más duro, yo predigo que en dos segundos brincarán como canguros. ¡Y EFECTIVAMENTE! Con la banda al tope, la escena era formidable entre público y artista. Todos saltando como locos es una imagen que impacta entre lo que se escucha y se ve.

Residente fue, se tomó un descanso, y regresó para poner de nuevo las bases llenas. Con ello, No hay nadie como tú hizo su aparición y el público volvió a cantar fuerte. El final fue terminando la canción de a poco y lentamente el ritmo fue cambiando hasta que René invitó al público a que con los brazos, marcara el tempo que daba la banda, cuando de repente soltó esto va suave, sabe bien suave, la euforia del público subió, pero des, la banda tiró el cambio y Culin Chulin Chunfly… Ojalay, ojalay cerró otro viaje agresivo al pasado.

Residente, después de lo que fueron 2 horas y un poco más de concierto, cerró con Vamo’ a portarno mal. Así, en medio de alegría y fiesta, culminó un domingo que inició a las 7.00 PM y terminaba a las 9.30 PM con un concierto bien duro. Los aplausos desbordantes, son para René Perez Joglar. | R

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Andrés Lopez
Desde 2011 metido en el ámbito del rock local. En octubre del mismo año crea Rockal para compartir y difundir sus gustos musicales. Estudiante de Comunicación Social – Periodismo en UPB Medellín.


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