Manizales vibró con una alucinante jornada de música donde el ska y el reggae le dieron felicidad al público.

 

 

Por primera vez, Rockal llegaba al Grita Rock. Realizado en Manizales, nos causó curiosidad la buena percepción y gran ambiente que genera este festival entre el público, que se ha vuelto una opción de viaje entre los que gustan de festivalear, también logrando comentarios donde al ser comparado con Rock Al Parque y Altavoz, el público elige el Grita.

Manizales es algo partícular, pues queda entre lomas y cerros que hacen de la ciudad algo grande, pero a la vez fácil de transitar según el sector en el que se encuentre. Con una vía principal, de allí deriva el movimiento entre la terminal de transportes, el centro de la ciudad, la zona rosa, el estadio, y si siguen, se encuentran hasta salir de la ciudad, Expoferias, sitio donde se realiza el festival. Casualmente, la ciudad cumplía 168 años y andaba de celebración. La ida al festival estuvo marcada por una cabalgata en vía pública y la previa a la jornada taurina de la ciudad, que hizo una feria para la celebración.

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Dentro de esa programación, se encontraba el Grita Rock, que contaba con importantes artistas para el día, como Reincidentes, Zona Ganjah, Bad Manners y Mojiganga. De entrada, a las 4.00 PM, ya habían cerca de 1.500 personas adentro, y afuera seguía una fila extremadamente larga, de probablemente 5 calles alejada de la entrada. Manizales le cumplía al festival, y gente de varios sitios del país, acompañaban su proceso de forma masiva. Teniendo como excusa salir de su ciudad de origen, para ir a otra donde se iban a presentar sus artistas favoritos, la ciudad se convierte en un punto de encuentro de varias regiones del país.

Acercándonos a Expoferias, podíamos sentir ya el ambiente a Grita Rock. Desde la Torre del Cable, hasta el festival, hay una distancia de 3 kilometros, que la gente recorre en parche caminando, sin afán y con emoción. El sitio queda en una zona ya alejada de la ciudad, bajando una de las lomas de Manizales. Algo así como ir bajando Palmas desde el San Carbón hasta llegar a San Diego.

La banda que nos recibió, era local, Maria Ambivalente se paraba frente al público para presentar su propuesta, que consiste en un trío que fluye entre el rock, el pop y cositas de power trio. El público fue receptivo, aunque no vimos una respuesta de seguidores de la banda. Al final, el virtuosismo de sus músicos fue recompensando con un aplauso bien ganado.

Después, continuaba Les Deuxluxes, desde Canadá. ¿Se acuerdan de Catfish en Altavoz? ¿Un dúo francés que la partió con sus elementos indie folk? Pues bueno, de entrada, nos recibía un formato similar. Hombre y mujer, donde cada uno interpreta múltiples instrumentos a lo largo del show. En este caso, Anna y Etienne se descargan de frente como un camión hacia el público, que le generaba curiosidad y expectativa, el formato que presentaba la banda.

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Era rockn’Roll puro y distorsionado, con cosas del rockabilly, que con la energía que transmitían, hicieron conectar a la gente de inmediato. Sin bajo, el sonido grave venía completamente del bombo, golpeado por un doble pedal que también le daba a un redoblante. Todo eso nos marcaba el ritmo. Este dúo canadiense presenta una dualidad interesante de misticismo y sensualidad en sus integrantes, teniendo en su vocalista una front(wo)man impresionante, que retaba al público hablándole en un forzado español muy marcado por las R, invitándolo a que hiciera parte del espectáculo que tenían montado. El público estuvo feliz, pues aplaudió, grito y pogueó con esta propuesta.

Caída la noche, nuestra atención se enfocaba en Mojiganga, que regresaba a Manizales después de 5 años, habiendo estado en aquella ocasión, en el escenario que hoy los volvía a presentar. Entre las bandas de la jornada, Mojiganga se convertía en una de las que mayor convocatoria atraía al festival, volviéndose un valor agregado entre agrupaciones como Bad Manners y Reincidentes. Iniciando con Vos sos todo lo que quiero, el público respondió de inmediato a la banda, cantando, gritando, bailando y armando pogo. El polvo de la superficie de gravilla que tiene Grita Rock se levantaba entre el público para seguir armando el paisaje de fiesta que se estaba viviendo.

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Fue tanta la fiesta y energía con la que empezó Moji, que lastimosamente les tocó suspender por unos minutos su presentación. Seguía y seguía llegando gente al festival, por lo cual la fila que habíamos visto en nuestro ingreso, aunque ya no era de ese exagerado tamaño, continuaba presente al ingreso. El desespero del público fue tal que a la fuerza empezaron a ingresar al sitio, momento donde uno de los directores del festival dejó que terminara la canción, habló con la banda y pidió que interrumpieran por cinco minutos. Al final no pudimos conocer la gravedad del asunto, pero entre 5 y 10 min pudo demorar la para de música, que pudo continuar.

Por desgracia, Mojiganga tuvo problemas en el sonido y no hubo claridad en la interpretación de las canciones, lo que impidió que se viviera al máximo lo que tenían preparado. Pero a una parte del público poco le importó y terminaron extasiados de la descarga que trajo la banda a Manizales.

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El cierre seguía por todo lo alto, y fue así como llegamos a Reincidentes. Aún esperados de regreso en Medellín, y con el gran sabor de boca que dejaron en Altavoz 2011, la banda de Fernando Madina sigue siendo el punch poderoso y potente que acostumbran en las grabaciones. Claramente con más edad y un poco de barriga, no pierden el dinamismo en escena, por lo cual el pogo y los puños arriba siempre fueron parte del marco que tuvieron en Grita Rock.

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Después del skacore y el punk, continuaba el ska puro, aquel que se baila de pies a cabeza. Desde Inglaterra, Bad Manners llegaba a Colombia por primera vez, siendo la única parada en el país. Eran una de las bandas con mayor expectativa del festival, y no solo cumplieron con ellas, sino que también las superaron por escándalo. Una figura robusta, grande y calva, con chaqueta Animal Print, camisa leñadora, sudadera y chanclas, lideraba a un grupo de jóvenes músicos que tenían un groove de ska, envidiable. Una línea de 3 vientos perfectamente afinada, daba el toque mágico que tiene Bad Manners, que, acompañados de un bajo y batería en perfecta sincronía, una guitarra que marcaba el ritmo ska y un coqueto teclado que daba detalles precisos, pusieron a bailar a todo público que estaba al frente del escenario.

Y ni hablar de Buster Bloodvessel y su rol como frontman. Su actitud firme al igual que la interpretación de la banda, su capacidad expresiva, el carisma y la energía que transmitía, se convirtieron en un canal perfecto entre la música y el público. Todos andaban alegres, desde la banda hasta los asistentes, y de seguro ahí, radicó la magia de una noche en que el ska dominó a su antojo, el festival.

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El cierre, ya con el Grita Rock lleno y con gente afuera parchando en morros, que surgían alrededor de Expoferias, estuvo a cargo de Zona Ganjah. La marihuana salió al aire, y así como el polvo que levantó el pogo de Mojiganga, hizo parte del ambiente, en este caso, el humo de yerba invadió el festival. Cantando, gritando y siendo parte activa del concierto, el público aprovechó a una banda que estaba lúcida. Desde un José Gahona muy claro en las rimas, además de estar liderando al público, hasta una banda detrás que sonó de maravilla y a la altura de cierre que merecía el festival. Reggae y cosas del rap, frente a todo respondió con una sonrisa el público, que se fue con el corazón lleno de un día del putas gracias al Grita Rock. | R

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Andrés Lopez
Desde 2011 metido en el ámbito del rock local. En octubre del mismo año crea Rockal para compartir y difundir sus gustos musicales. Estudiante de Comunicación Social – Periodismo en UPB Medellín.


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