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Elsa Carvajal se posiciona como una de las voces principales femeninas de la música alternativa colombiana con su proyecto Elsa y Elmar

 

Un EP, Sentirnos Bien (2013); un LP, Rey (2015); tocar en Rock al Parque, Festival Estéreo Picnic, Hermoso Ruido, abrirle a Coldplay y posicionarse como una de las voces femeninas más importantes de la escena alternativas del país junto a María Mónica (Ságan), Ela Minus, Catalina García (Monsieur Periné) y Andrea Echeverri (Aterciopelados) son tan sólo algunas de las cosas que Elsa Carvajal, ha logrado a lo largo de cuatro años con Elsa y Elmar.

Elsa, quién nació en Bucaramanga y hoy vive en San Francisco (EE.UU), siempre supo lo que quería hacer. Aún sin tener los conocimientos teóricos de la música, de pequeña llenaba cuadernos con letras de canciones. A los 16 años se matriculó en una academia de jazz y dos años después se mudó a Boston, donde empezó a estudiar en Berklee, la universidad privada de música más grande del mundo. Jamás pensó en la música como algo serio, quería grabar sus canciones y guardarlas para sí misma, pero la gente encontró su música y se enganchó, así comenzó todo.

Elsa siempre vio su nombre como algo aburrido, así que para nombrar a su proyecto buscó algo que la identificara: el mar. Si bien, la parte de Elsa es por su nombre, Elmar también tiene su razón, según ella, se trata de su banda, de quienes la escuchan, y las personas indispensables en su proyecto como familia y amigos. Elsa y Elmar es, como ella misma lo describe, pop espiritual, synth, con un poco de indie y folk, tan diverso que encasillarlo en un mismo estilo se torna arriesgado. Una propuesta colorida y fresca, sonidos alternativos y ritmos que le apuestan a lo que cada canción inspire. Letras sentimentales que le cantan al amor, la tristeza, la angustia y la alegría rompiendo fronteras, no sólo físicas, sino mentales. Música, a fin de cuentas, muy honesta.

Con un en vivo impecable, una voz potente pero dulce, cinco vídeos bastante originales que apoyan la idea de la libertad de contenidos que se refleja en sus canciones y el diseño de Sentirnos bien y Rey, Elsa y Elmar deja ver que va más allá de hacer simplemente música. Una propuesta bien estructurada que entra a formar parte de las muchas caras que sonido tras sonido nos revela la escena alternativa del país y a la que hay que prestarle atención.

Sentirnos Bien, el primer trabajo de Elsa y Elmar, es un trabajo muy inocente,  seis canciones en las que se descubre a sí misma y en las que encuentra elementos para poder seguir con su álbum debut, Rey, que trajo consigo una nueva etapa y le dio la posibilidad de reinventarse. Pensado como una pieza ideal para escuchar, Rey conserva una continuidad, aun cuando cada canción es diferente. Su primer sencillo, Exploradora, define su visión artística, no es sobre temas que uno querría escuchar. Generalmente, lo que la gente piensa es lanzar una canción pegajosa y alegre que hable sobre el amor o cosas como esa, pero esta, es una canción densa, oscura” dijo Elsa a la revista Diners en una entrevista en 2015.

Es un álbum polifacético, aunque puede dividirse en dos, una fase fuerte y sombría, y después, una alegre y colorida. Trece historias, todas distintas, que van desde la melancolía, muerte y depresión, hasta la alegría, tranquilidad y lo lindo le la vida. Baterías y notas de piano fuertes, contrastadas con suaves guitarras hacen de Rey un disco único, tan variado como el proyecto mismo. A la deriva, la encargada de cerrarlo repite como un mantra la frase “¿Qué precio tiene amar?”, un outro que claramente deja con ganas de más, a la expectativa de un nuevo trabajo. | R

Sofía Rojas

Estudiante de Periodismo y Opinión Pública en la Universidad del Rosario. La música hace parte de su vida, apasionada por la escena latinoamericana. Amante de la radio y el en vivo.


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