Los discos deben aguantarse por sí mismos, deben defender lo que tienen para decir desde la primera canción hasta la última, pasando por los apartados gráficos y el contenido extra del librillo que a muchos nos gusta ojear. Ese concepto que se quiere plasmar, ese arte debe estar presente y debe ser claro, o bueno, por lo menos descifrable, desde su portada hasta su contraportada. No importa si muchos no están de acuerdo, no importa si quien lo escucha piensa lo contrario, el CD es la expresión máxima del rock, del alma y del artista.

Apocalipsis Zombie (2017) del Cuarteto de Nos no debe compararse con ninguno de sus LP’s anteriores, todos tienen una historia diferente, un proceso distinto, un punto de partida que, si bien puede aparentar ser de la misma persona, no lo es. Aclaro esto porque muchos lo hicimos y obramos mal, que lo que fueron no determine lo que son en esta producción y que tampoco pase lo mismo, pero al revés.

Empecemos por la canción homónima del álbum, la invitación que hacen en Apocalipsis Zombie, un sonido de alarmas nos da la bienvenida, pero nos advierte, nos dice que tengamos peligro, que tal vez estamos entrando en la otra parte de los pensamientos de Roberto, Santiago y la banda en general. Pasa que Álvaro Pintos toma el camino fácil, nos quieren atrapar con el ya dogmático ritmo del reggaetón, pero más allá de eso, es un abrebocas a lo que el disco es, un poco pegajoso, con letras comunes, no comunes para que se trate del Cuarteto de Nos, pero sí alineada a lo que ellos querían armar, un álbum que reflejara al mundo de sus ojos, con nuevos tonos rítmicos a través de los zombies.

Cuando Roberto se dedica a cantar es realmente disfrutable. A pesar del poco ritmo y de lo plano que es la batería, su coro es dulce, chicloso, meloso:

Somos su imagen más real.
Lo que nunca esperaron ver.
Su reflejo más aterrador”

Apocalipsis Zombie - Cuarteto de Nos

Entonces se abre el telón y empiezan a desfilar uno a uno los personajes que quiere mostrar la banda, se chocan duro con algunos, a otros les gana la partida y hay unos últimos que ni bien o mal podrían ni estar, no pasaría nada. Invisible es uno de esos, un poco maloso y misterioso. Roberto tiene eso que muchos quieren, la insinuación de la voz y la comunicación espiritual que los frontman necesitan, hace de la canción lo que él quiera, por momentos. Le da un poco de vida, y reitero, disfrutable cuando Musso lo quiere, ahora, ¿y ese conteo al final, para qué? Este personaje no lo termino de descifrar, una mente tímida, chapada que busca ser hallada, tal vez por eso dice que Me escribió Wells, me pintó Dalí.

Durante la exploración me encontré con Nombres e El innombrable, una exposición de pensamientos en personajes que no trascienden o que no cambian mucho entre sí, el ritmo siempre me está diciendo lo mismo, no me deja ir más allá, y se podría declarar como los dos puntos más bajos del cd por lo atípico que es con ellos, poco parecidos a los que enamoraron. No se sustentan, así las letras sean cercanas a lo que alguna vez dijeron. Por lo menos el puente de El Innombrable me acercó.

Escondemos en un saco roto
La cobardía de no aceptar
Cargándole la culpa a otros
De las cosas que nos salen mal”

El Innombrable - Cuarteto de Nos

Pero lo que realmente te saca de la producción, es lo relevante que se pueden volver los sonidos, los ritmos que escogieron para contarte la historia. Nombres tiene eso, sonidos más cercanos al pop/dance de los 90’, que en su época estaban bien, bien montados, armados, pero que en esta narrativa no encuentra lugar.

Empecemos a subir. Gaucho Power y Mirada de Nylon pueden entrar juntitos al club. Uno fue seleccionado para promocionar el cd, ‘gaucho’, como se les llama a los nativos de Uruguay, reconocidos mundialmente por la garra que tienen y lo fuertes que son. La letra está bien, es eso, pero se hunde, y es lo que pasa, el ritmo las hunde, no las deja respirar y no las deja ser protagonistas. Nylon, está bien armado, y refleja la otra cara, es pegajosa pero olvidadiza. Tiene lo de Nombres, toques dance juguetones que en vivo pueden sonar bien, pero que te hacen perder la historia.

Para rescatar el bajo, y eso hay que decírselo a Santiago que lo hace bien durante todo el disco, con Hola Karma se nota, te pone a bailar, como a él le gusta. Las letras funcionan, no me cuentan nada que no haya escuchado, pero funcionan. Lo que es admirable es el sonido, el punto más alto de toda la producción y un debes escucharlo inmediato. Es un viaje sonoro, tranquilo, trabajado y muy bien interpretado, te clava los pies en la tierra y viaja el corazón, seguro, recibiendo los resultados de lo bien que se hizo, mientras de fondo todo es misterioso, con congas, coros, un ritmo místico casi amazónico; magnífico.

Este lado acústico que siempre tienen sus discos hace presencia de la mejor manera. La Bestia, casi lo logra, estuvo a punto. Presenta un ritmo divertido, feliz, bien construido, pero no logra convencer, hubo partes en las que pudo ser más y el puente final termina por matarte la canción.

El punto más alto está en Calma Vladimir, es la razón por la que nos enganchamos a esta banda, es un atractivo musical, con una percusión de tradición latinoamericana que atrae y se va, viniendo desde arriba con el ride y el redoblante de la batería. Poco contemporánea, mejor. El tono de Roberto realmente te transporta, es de las pocas veces que cambia su tono durante todo el disco, transmite con la intencionalidad de su vos y al final te termina gritando que me calme, ¿pero a dónde vas? Magnífica canción, tiene un momento instrumental que la hace diferente, resaltable. Acústica. La letra es excelsa, todos deberían leerla y cantarla.

El Rey y el As es la yuxtaposición del mensaje del álbum, ya no se escuchan las alarmas, está todo un tinte más tranquilo, una buena conclusión, lo cierra bien y le da forma, pero me quedo con Vladimir, el del Cuarteto de Nos que siente y no el que describe, el del Roberto directo que te tira a matar con lo que dice, el que lo vive, no el zombie. | R

7.0Calificación Rockal

 

Mateo Mejía
Estudiante de Comunicación Social - Periodismo en UPB Medellín. 2 años de experiencia como redactor en medios deportivos, rockero de toda la vida.


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