LaSíntesisOKonor_ElMatoAUnPoliciaMotorizado

 

No me gustaría tildarlo de tabú pero siento que en algunas ocasiones nos cuesta retirar el velo que esconde nuestro lado más vulnerable, principalmente, cuando se trata de amor.

De qué hablamos cuando hablamos de Amor titula el cuento escrito por Raymond Carter en el que Riggan Thomson —personaje interpretado por Michael Keaton en Birdman (2014)— se basa para dirigir y protagonizar su propia obra de teatro; y aunque el ahondar a esa pregunta no es el objetivo final de la película, ni del escrito de Carver, ha sido un interrogante que ha socavado en mi conciencia desde entonces.

Hago este preámbulo para contextualizar el hilo que conduce esta reseña, pues para cuando La Síntesis O’Konor (2017) emergió de la prodigiosa y humilde mente compositora de Santiago Motorizado dicha inquietud se encontraba más agitada que nunca en mi interior. Además, porque el mensaje lírico del disco es la mayor plusvalía artística que contiene, claro, sin demeritar en ningún momento la cuota instrumental de una banda que ha sabido profundizar en un estilo propio, el cual a su vez se ha erigido sobre una identidad desarrollada paulatina y coherentemente; incluso, a partir de aquel primer sonido vigoroso y juvenil que hacía una comunión con acento argentino entre Ramones y Sonic Youth. Sin embargo, su sexta producción discográfica se enfoca ahora en trabajar minuciosamente la compaginación de armonías tiernas y la superposición compleja de delicados riffs de guitarra, disminuyendo considerablemente las distorsiones y los tan amados feedbacks para explorar figurillas cíclicas de un reverb más tenue; bajos minimalistas (como siempre ha sido) junto a la incorporación de instrumentos no convencionales como shakers, marimbas y melódicas.

Pero, ¿De qué hablamos cuándo hablamos de Amor? El tipo de Amor que se señala en la historia de Carver apunta a uno “Absoluto”, un absoluto en el que el todo no es entendido como unidad rígida sino la panorámica de partes entrelazadas: una dialéctica del gozo y el sufrimiento, del cariño y el tedio, de la esperanza y la soledad. Así mismo se han venido compaginando metódicamente los microrrelatos escondidos en las canciones de El Mató A Un Policía Motorizado, no sólo aquí en La Síntesis sino desde los álbumes predecesores.

Lo anterior es otro factor que fideliza la autenticidad del grupo rioplatense como uno de las más honestos del continente: El Mató no se oculta a través de humo, no matiza su discurso con lenguaje elaborado ni mucho menos usa a conveniencia las anécdotas que acaecen en su inspiración, es el mismo conmovedor relato de versos cortos el que precisamente hemos escuchado durante casi quince años. Encontrar el verdadero Ser de su mensaje es mi meta principal, más allá de los detalles técnicos que cualquiera de nosotros puede percibir a simple oído sin la necesidad de erudición alguna.

El Tesoro, justo el primer track, es un indicio que en O’Konor encontraremos una narrativa emocionalmente intensa, inclinada hacia la contemplación derrotista y no tanto la furia adolescente. Paso todo el día pensando en vos… Voy a quedarme un poco acá. Cuidarte a vos siempre en la derrota, hasta el final, del final, parafrasea Santiago en medio de un choque más que contundente, demoledor.

Luego, Ahora Imagino Cosas cumple el trabajo de atarnos con el Motorizado de antaño, valiente y decidido, para hacer una debida transición desde La Dinastía Scorpio (2012) hasta hoy. Necesario, pues después La Noche Eterna llega inmediatamente para arrullarnos cual niños y tomarnos de la mano como una hermana mayor, de rostro melancólico. Sus rasgueos con delay crean una tenue capa de niebla en la que flota una letra algo críptica pero en la que es fácil identificarse: … Sé que el cosmos brilla a todos por igual. Dame algo esta noche… voy a recorrer tu casa en la oscuridad. No es un secreto que todos hemos alguna vez ido a visitar a alguien en sueños.

Mucho más apacible y algo trágica se nos muestra Alguien que lo merece, un tema que hace detener el tiempo y aísla el espacio: Toda la noche nos vimos llorar… pelear y llorar, de esas noches que queremos olvidar, la atmósfera se torna densa y me transporta a momentos de completa devastación, momentos exactos de rompimientos irremediables. Después, Destrucción hace alegoría idónea a su nombre; parece transmitir algo de fuerza alentadora pero detrás sigue transmitiendo algo de tristeza: Todo lo que digas me destruye, no me importa si está bien o está mal; esto, más aún si agregamos que Excalibur le procede enunciando una pregunta inamovible: ¿Por qué tuviste que decirme eso?.

Con un tono marchante y algo de ingenuidad, Un Mundo Extraño se levanta tras los golpes con una sonrisa. Ha aceptado su destino y observa desde la distancia, sin renunciar a aquello que lo hace sentir vivo incluso si lo aflige enormemente:Liquidado estoy esperando hasta el fin, sé que es lo peor, pero esta es la mejor versión de mí. Por último, Fuego es el gran epítome de este larga duración, dejándonos repletos de ansiedad y ganas de salir a caminar hasta el borde la ciudad. Curiosamente, sintetiza a nombre propio la palabra que ha estado presente en cada uno de los tracks que cierran todos sus predecesores. El fuego se encuentra en la clausura de cada uno de ellos: desde El Fuego que hemos construido de La Dinastía, La Celebración del Fuego (2008), Lenguas de Fuego en el Cielo (2006), El Árbol de Fuego (2005), hasta Prenderte Fuego del homónimo debut (2004). Hey, ¿te fuiste y dónde estás ahora? Ahora soy mejor, te juro soy mejor. Perdóname, una frase para la eternidad que se ha evidenciado con una claridad que quema con crueldad en algún punto de nuestra existencia; un último aullido callejero para incinerarse en la resignación y la confianza devota de una futura reconciliación.

Este es el Amor del que habla La Síntesis O’Konor cuando habla de amor: B. Aquel que nos hace hacer retrospectiva por todos sus caminos abruptos, que por instantes acaricia con recuerdos de terciopelo y simultáneamente apabulla con la enajenación de nuestra propia psiquis en la imposición de una subjetividad aún mayor. Este hermoso disco recorre cada uno de los momentos vívidos del desamor, no por antonimia, sino porque existe sólo en tanto hubo lo opuesto; como las dos caras de una moneda, como la condición inexorable de la belleza del acto de amar: el perder.

Tal vez no para siempre pero, al menos durante esos breves 37 minutos, El Mató me mantuvo cuerdo y salvó mi vida. | R

7.5Calificación Rockal


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